Antes de adentrarnos en la conversación con Mireia Yévenes, conviene detenerse en el territorio incómodo y provocador que propone Sugarkiller, un thriller que se sumerge en las zonas más ambiguas del deseo, el poder y la intimidad en la era digital. La novela sigue a Macarena, una joven estudiante de Bellas Artes que lleva una doble vida: de día, discreta y aparentemente inofensiva; de noche, convertida en una calculadora “sugar baby” que utiliza su atractivo como herramienta para manipular, sedar y despojar a hombres adinerados de aquello que más valoran.
Pero lo que comienza como un juego de identidades y control pronto se transforma en una partida mucho más peligrosa cuando un policía entra en escena y la obliga a infiltrarse en un entorno donde las reglas ya no dependen de ella. A partir de ese momento, la novela despliega un inquietante juego de espejos en el que víctima y depredador intercambian sus papeles, y donde la pregunta central —quién está cazando a quién— deja de ser retórica para convertirse en una amenaza real.
Con una mirada que combina tensión psicológica y crítica social, Sugarkiller no solo explora el universo del sugardating, sino que cuestiona las nuevas formas de mercantilización del cuerpo, las dinámicas de poder en las relaciones contemporáneas y los límites difusos entre libertad y explotación. Una historia que incomoda, seduce y obliga a mirar de frente aquello que, muchas veces, preferimos ignorar.
Sugarkiller se adentra en el mundo de los sugardaddies y sugarbabies, un tema poco recurrente en la literatura, ¿cómo surgió la idea de hablar de esta temática?
Todo nació a partir de una experiencia personal.¿Alguna vez has recibido un mensaje rarísimo, en inglés, muy subido de tono y muy fuera de lugar por redes sociales? Eso mismo me pasó por primera vez el verano del 2022. Recuerdo el lugar exacto dónde estaba y qué hacía. También recuerdo el asco que sentí, que me llevó a eliminar ese mensaje al momento. La situación se repitió más veces y, con la sangre más fría, antes de eliminar esos mensajes, comencé a coleccionarlos. Por aquel entonces me acababa de especializar en Educación Sexual, empezaba 4t de carrera de Bellas Artes y me pareció un hilo increíble del que tirar para investigar y dedicar mi proyecto final de grado.
La trama gira en torno a una chica que tiene una doble vida. Es estudiante de Bellas Artes y sugarbaby, ¿quién te inspiró para crear este personaje? ¿Cuánto de real hay en esta historia?
Cuando comenté con amigas y compañeras de clase lo que me había sucedido —y el interés que me despertaba para saber más de ello— me sorprendió darme cuenta de que varias habían recibido mensajes similares, incluso que algunas tenían conocidas que habían accedido. A todas nos pedían conversación, presenciar con ellos un shooting en bikini o acompañarlos a Dubai por miedo a viajar solos.
Prometían cifras escandalosas: entre 5.000 y 7.000 dólares semanales. A menudo especificaban un «no sex required», aunque ninguna de las más allegadas nos atrevimos a comprobar cuánta verdad había en esa afirmación, otras menos cercanas a mi círculo, con las que he podido charlar recientemente, sí lo hicieron.
La protagonista, Macarena, es una chica de 27 años ¿cómo construiste el personaje y qué tiene de especial?
Con todo lo aprendido creé una performance —me estaba especializando en ese campo— en la que me subastaba a mí misma a cambio de aplausos, como crítica a la cosificación del cuerpo de la mujer y la búsqueda de la validación en la aprobación externa.
Para ello, creé un alterego, diseñando cómo vestía, cómo caminaba, cómo actuaba… Y, a ese personaje, decidí llamarle Macarena —nombre asociado a una mujer sexualizada por una famosa canción de nuestra cultura. Dos años más tarde, decidí llevar ese personaje a una novela de ficción: la Lolita de Los del Río, aunque con una esencia vengativa, al fin. Para ello me pregunté: ¿qué me hubiera atrevido a hacer si yo hubiera sido ella? Así fue como comencé a “vivir” cosas que yo jamás me hubiera permitido, pero a través del personaje de esta novela.
Uno de los aspectos más llamativos de la novela es cómo describes el mundo de las relaciones íntimas que parecen cada vez más complejas. ¿Por qué lo elegiste como núcleo de la temática?
Inventar la vida de Macarena me llevó a explorar la intimidad en diferentes situaciones y formas a través del relato. Muchas veces —por no decir casi siempre— asociamos el término intimidad al sexo. Sin embargo, en este caso quería ir más allá.¿Qué sucede cuando compartimos nuestras vulnerabilidades con otra persona?¿Qué pasa cuando el desnudo es emocional en lugar de físico? ¿Qué forma tiene según la persona que tengamos delante? ¿Es lo mismo con una amiga, con un amigo, con alguien con quién hay una gran diferencia de edad? ¿Por qué algunas situaciones son más cómodas que otras? Y sobre todo, ¿qué luchas de poder se desatan cuando abrimos las compuertas de nuestra intimidad a alguien?
Todas estas preguntas traman, a su vez, una crítica al neoliberalismo sexual que nos dice: «Mujer, sé libre, haz con tu cuerpo lo que quieras, pero sigue vendiéndote para conseguir poder». Históricamente, desde que las mujeres fueron retiradas del espacio público, se nos enseñó que lo que nos devolvía el poder era nuestra belleza y nuestra sexualidad. Por desgracia, todavía esas diferencias socio-económicas se perpetúan a través del tiempo, pero mutan junto con lo novedoso del momento. Así es como hemos normalizado nuevas prostituciones con las redes sociales, convirtiendo este mercado en uno de los que más trafica, junto con la droga.
¿Cómo convertiste el mundo del sugardating en un thriller?
Con todo este imaginario tan presente —y del que tan poco se habla—, no podía dejarlo enterrado en un proyecto más. Sentí la necesidad de usarlo como contexto en un género que me moría de ganas de explorar. El thriller era un auténtico reto para mí: una persona que tiene tan poca tolerancia a la violencia, a la sangre y a la crueldad. Quizá por eso decidí que el suspense debía dirigirlo a lo psicológico, indagando en el mundo emocional y controverso de los personajes.
Quise, por lo tanto, incomodar a los lectores, hacerles jugar a posicionarse, a dudar, a enfadarse, a opinar y a cambiar de opinión. Pero, sobre todo, lo que pretendo con esta novela es reírme de un patriarcado cuya estructura ha dejado de tener sentido para mí desde hace tiempo y al que creo que deberíamos sustituir.
Al fin y al cabo, con mis novelas, pretendo hablar de lo erótico y lo afectivo y crear unas referentes nuevas e imperfectas, devolverles el poder que nos quitaron, sustituyendo a la mujer-florero, a la mujer-productiva, a la mujer-sumisa, a la mujer-prostituta y a cualquier otra forma de violencia que se ejerza sobre nosotras.
Si vamos a ser dueñas de nuestro destino, empecemos por cambiar los relatos que nos contamos sobre nosotras, dejemos de empequeñecernos y démonos la voz que merecemos, no la que le interesa al patriarcado.
Entender por qué «el malo no es tan malo y el bueno no es tan bueno». Odiar a quién más amas y encariñarte a quién más repudias.