Singular amigo, dispuesto a llevar a cabo aquella proeza no exenta de peligro, arraigada al suelo quedó cuando sin quererlo la nevera volcó y de ella salieron toda una serie de extraños personajes, dispuestos a realizar una gran hazaña.
Resopló el más rellenito que resultó ser una deliciosa aceituna rellena de anchoa, brinco a brinco llegaron a su destino. En aquella maraña nada era lo que parecía. Un arcoíris eclipsaba la visión a cualquiera. A pesar de su tamaño llegó a lo más alto. Tamaña jungla jamás nunca vio, entre el amarillo maíz y la verde escarola se hallaba escondido singular tesoro.
Del fondo del mar había llegado, con que recepción se había topado, llevaba de la mano muy agarradita a su prometida la muy larga anguila… Era tan escurridiza que se encontró con el largo esparrago y enseguida hicieron muy buenas migas. Su ex novio el atún, solito quedó, llegó la aceituna y un beso le atizó.
En menuda juerguita mi amigo se metió que sin saber cómo su hazaña repitió. Pisó algo pringoso y al fondo marchó, arenas movedizas de ácido aceite y, agrio limón, salió a flote agarrando aquel flotador. Un anillo de piña que a la fiesta se unió y a la orilla le acercó. La gordinflona aceituna echo un ojo avizor, eligió su premio y allá se lanzó.
Dando vueltas y algún giro hasta el atún llegó, que se quería escapar el muy ligón. El tomate rojo chillón quiso poner orden en aquel fiestorro y entonces la rebelión llegó. La anguila se puso a sus pies. El espárragos se estiró, la aceituna trepo un poco y ¡puf! En toda la cocorota acertó a dar la gordinflona aceituna, el tomate rojo chillón, el equilibrio perdió y se metió en la jungla sin ganas de volver a salir.
Allí en el fondo solito mejor se quedó, sin en ningún lío volverse a meter.
@María José Luque Fernández
@Imagen Pinterest



