y los puntos suspensivos lo son. Tú suenas a punto y seguido…
Fluyes sin sentido con alevosía entre los adoquines sobre los que caminas despertando a la simiente que siembra tu silencio…
Son las brasas que quedan entre las ruinas las que te despiertan…
Eres en la profunda sima arraizada, sangre, agua y fuego y en la soledad te imprimo…
Mujer, tempestad y calma, vida y muerte, en mi ser cobijo tienes y arraigada a mi ser lo vomitas…
El caos se desata cuando en el interior de ese profundo y oscuro abismo yace latente la sustancia primitiva de la que parece ser se formó el mundo, complejo sistema que desafía toda utopía existente que relate la existencia de un tiempo inacabado.
Es la épica de la historia que relato «Eureka» la visión de un universo que desata la furia entre los mal llamados «dioses» aquellos que dijeron haber creado el mundo y por tanto al hombre cuando todos sabemos que es improbable.
Un animal completo era que contenía todos los seres posibles, cada uno de ellos compuesto de dos entidades que tenían existencia separada donde el espacio-tiempo es ingobernable expuesto siempre a un cambio constante.
Toda una paradoja la cuestión de la existencia que del silencio se nutre y del caos se alimenta.
Ese vórtice inexistente en que la utopía se ubica.
Envuelto en un sutil velo negro su rostro, se encarcela la mirada, ensordecido el latido se proclama la ausencia ante una presencia absolutamente probada que enmudece en su silencio.
En hileras de oscuros días el desierto a mis pies queda. Grises paneles de las derruidas casas semejan las rosas desvestidas, eso dicen al menos, ahí quedan. Las frutas ya no crecen donde antes tus miradas se prendían llenas de vida pues el negro ahora desquebraja la luz del día encarcelándote aún un poco más todavía.
>El silencio que se desvirga con el aleteo de una mariposa<<
@María José Luque Fernández
@Imagen Pinterest
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