La organización ambiental Greenpeace apuntó este domingo, coincidiendo con el 40º aniversario del accidente de Chernóbil (Ucrania), que la guerra en Irán “agrava los riesgos persistentes de la energía nuclear”.
La catástrofe de Chernóbil se produjo el 26 de abril de 1986 y extendió la contaminación radiactiva por toda Europa. “Los riesgos que entonces quedaron al descubierto han evolucionado en un mundo marcado por la guerra, las tensiones geopolíticas y los fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes”, según Greenpeace.
En este sentido, Greenpeace recordó al Gobierno español que debe cumplir el calendario de cierre nuclear y apostó por un sistema energético 100% renovable, en un contexto donde “la vulnerabilidad de la energía nuclear es más evidente que nunca”.
No en vano, indicó que la invasión rusa de Ucrania ha situado los riesgos de la energía nuclear en el “punto de mira”, con centrales operando en zonas de guerra donde las infraestructuras críticas son blanco de ataques.
“Las centrales nucleares conllevan riesgos inherentes y esos riesgos se están agravando. Rusia, por primera vez en la historia de la guerra, las ha atacado y ocupado sistemáticamente, demostrando cómo pueden utilizarse como herramientas militares y políticas. En un mundo en guerra, con tensiones geopolíticas masivas y fenómenos climáticos extremos, esos riesgos van en aumento”, recalcó Polina Kolodiazhna, responsable de campañas de Greenpeace Ucrania.
La central de Almaraz (Cáceres) será en 2027 la primera de los siete cierres programados en España. Si se cumple el calendario pactado entre el Gobierno y las compañías eléctricas, el país podría contar en 2035 con un sistema eléctrico libre de generación nuclear.
“Hoy existen alternativas renovables más seguras y resilientes, y los gobiernos, incluido el español, no deberían ceder ante las presiones de una industria que intenta prolongar su vida útil mediante prórrogas trampa”, según Francisco del Pozo, responsable de la campaña de energía nuclear de Greenpeace.
Del Pozo añadió: “Priorizar un modelo energético renovable y descentralizado es clave para reforzar la seguridad, reducir la vulnerabilidad y avanzar hacia un futuro energético más estable. El aniversario de Chernóbil nos recuerda que alargar la vida de los viejos reactores es una distracción cara, peligrosa y lenta que nos resta tiempo y recursos esenciales”.
NUEVO ESTUDIO
Greenpeace Ucrania acaba de publicar un nuevo informe para analizar el impacto del dron lanzado en febrero de 2025 por el ejército ruso sobre el Nuevo Confinamiento Seguro de la central nuclear de Chernóbil (NSC, por sus siglas en inglés), un sarcófago que, entre otras funciones, sirve para confinar el polvo radiactivo.
Según el estudio, el dron perforó un agujero del sarcófago que permite la salida de aire radiactivo sin filtrar. El ataque también provocó un incendio que dañó la membrana aislante, el sistema de grúas de mantenimiento y el control de humedad.
Las reparaciones se estiman en 412 millones de euros y son imposibles de llevar a cabo en el actual contexto de guerra activa en Ucrania. Lo más preocupante es la amenaza de desplome del sarcófago sobre el sarcófago original, de por sí inestable, debido a que causaría una nueva dispersión masiva de partículas radiactivas.
“El ataque con drones contra el NSC fue un crimen de guerra perpetrado por Rusia. Tras 40 años, el sarcófago interior de Chernóbil es vulnerable y ha superado en décadas su vida útil prevista. Los daños sufridos por el NSC supondrán años de reparaciones y más retrasos antes de que el sarcófago pueda desmantelar de forma segura”, subrayó Shaun Burnie, experto nuclear de Greenpeace Ucrania.
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