Había pergaminos olvidados en los que ellas no eran nombradas, eran tiempos en los que solamente los hombres escribían la historia en un país como era Japón. Eran las Samuráis, mujeres conocidas como onna-gugeisha, mujeres guerreras.
Ellas eran fortaleza y tesón y tenían la habilidad de proteger aquello que amaban con decisión y con el filo de su katana y aún así durante siglos fueron sepultadas en el más profundo olvido. Eran lealtad y honor y luchaban por la supervivencia de la familia y de la comunidad no por alcanzar la gloria.
Hubo algunas menciones en relatos de viajeros que pudieron contemplar esas batallas aunque nunca comprendieron ni compartieron la visión de estas samurais, gracias a ellos han sido rescatados sus nombres.
Tomoe Gozen cuyo arco y espada acabaron con numerosos enemigos luchando con valentía en la Guerra Genpei, tras surgir un conflicto muy importante entre dos clanes: Minamoto y Taira en su lucha por el control del país. Demostró que la audacia no tiene género y protegió a su señor. Es emocionante imaginarse por un momento su fría mañana en plena batalla en el momento en que con su mano firme y templanza toma una u otra decisión enfrentando la muerte. En la crónica Heike Monogatari que fue escrita al finalizar la guerra habla de una mujer que cortó la cabeza de su enemigo abriéndose paso entre todos los soldados enemigos consiguiendo escapar. Sobre su destino no se consiguió aclarar los hechos de si sobrevivió o no aunque hay quien dice que si lo hizo y fue madre de otra estirpe de Samuráis.
Ocurrió algo parecido con Nakano Takeko mucho tiempo después, siglos realmente. Tenía 21 años cuando se convirtió en la líder de un grupo de mujeres en la Guerra Boshin que con su naginata en mano protegían a su señor y su tierra. Nakano murió en esa batalla su misión era detener el avance del ejercito imperial durante la batalla de Aizu en la región de Fukushima. Fue herida y viendo que iba a ser detenida le pido a otra samurai que la decapitara enterrando la cabeza separada del cuerpo como acto de honor.
A estas mujeres desde niñas se las educaba en el manejo de las armas, en habilidades de liderazgo y fortaleza. Entrenaban con los caballos cabalgando y realizando acrobacias. Practicaban meditación y disciplina mental.
Ellas demostraron que en una sociedad patriarcal, también las mujeres podían alzar la voz y la espada.
@María José Luque Fernández
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