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miércoles, diciembre 7, 2022

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Recrudece la interna oficialista a medida que se acerca el año electoral

Es cierto que la estadía de la selección argentina en el Mundial de Qatar disimulará muchos de los temas políticos, económicos y sociales que acucian al país. Eso no quiere decir que vayan a solucionarse y mucho menos, desaparecer. Nos gustaría informar lo contrario, pero ocurre que la realidad siempre es más poderosa que la fantasía y las expresiones de deseo.

La coyuntura nos encuentra con un Presidente con problemas de salud que no son menores. Una gastritis erosiva con sangrado, que produjo dos desmayos del Mandatario en el marco del G20 en Bali (Indonesia) encendieron las luces rojas en el denominado “albertismo”, pero en particular en el ala kirchnerista del Frente de Todos, que no tiene en sus planos hacerse cargo de una administración que seguirá a la deriva hasta el 10 de diciembre de 2023.

Una cosa es haber tomado las riendas del Palacio de Hacienda a través de Sergio Massa, que lleva adelante el ajuste que no se le permitió a Martín Guzmán, y otra muy diferente es tener que hacerse cargo del Poder Ejecutivo si Fernández tiene que tomar una licencia y obligar a su mentora y vicepresidenta de la Nación a tener que sustituirlo.

El temor que cundió en las ligas cristinistas cuando se supo que el delfín fallido estaba internado en un hospital al otro lado del mundo forzó que la propia Cristina Kirchner tuviera que levantar el teléfono para chequear el escenario verdadero. La Senadora lo escuchó bien pero quedó tan preocupada que se mostró como una “leona herbívora” en el Estadio Diego Maradona de La Plata. Donde emitió diatribas contra la justicia y la oposición, pero tuvo que hacer críticas quirúrgicas sobre la gestión del hombre que ungió en 2019 para que ocupara el Sillón de Rivadavia. La única forma que encontró fue destacar los períodos donde gobernó ella y su fallecido esposo, Néstor Kirchner.

Descartando de plano la reelección del actual titular del PEN, la ex jefa de Estado dijo: “Cambiamos la Argentina y lo podemos volver a hacer», y agregó que “podemos volver a hacer esa gran Argentina, la gente tiene que decidir si quiere volver a ser esa Argentina que alguna vez tuvieron». El remate que cierra toda posibilidad de continuismo a los pocos albertistas duros que habitan la Casa Rosada fue en respuesta al clamor que se escuchó permanentemente en la cancha y que promovía el “Cristina presidenta”. Cántico al que la dirigente respondió con una frase que dijo alguna vez Juan Perón: “todo en su medida y armoniosamente”. Un axioma que proviene del libro “Vidas paralelas” de Plutarco, en el cual éste se lo atribuye a Pericles.

Más allá de las disquisiciones filosóficas, la jefa política de la coalición gobernante -que cuestiona desde adentro pero como si estuviera fuera de la alianza- deja abierta la posibilidad a una candidatura propia que ahora sirve más como contingencia que algo concreto. Especialmente porque procura una advertencia al Poder Judicial que la acecha con fallos que la pueden afectar, por eso la sórdida amenaza de una posible vuelta a la más alta magistratura del país.

De más está decir que todavía faltan diez meses para las elecciones del año que viene, y aunque vaciado de Poder, Alberto Fernández debe llegar a cumplir su mandato. Es la estrategia de los cristinistas, que pese a intuir una derrota van por el “Plan B”: convertirse en la oposición con mayor poderío desde que volvió la democracia en 1983. Para eso, CFK y el resto de los justicialistas -en todas sus variantes- entienden que es imperioso un peronismo unido.

Los que caminamos hace muchos años los pasillos de Casa Rosada vemos asombrados un cuadro que nunca se dio, por lo menos después de la crisis del 2001. Un proceso de fragmentación que tiene a Balcarce 50 como una terminal en la que no se define el 95 por ciento de las decisiones que se toman. El cinco restante es solamente por cuestiones de orden institucional que recaen en la famosa lapicera del Presidente Fernández, que entre idas y vueltas está atrapado en el laberinto de acatar o procrastinar lo que se le impone desde el Instituto Patria y su nuevo anexo: la sede del Ministerio de Economía.

Los que conocen a Alberto, como se lo llama en la prensa argentina, en la calle y en su entorno, aseguran que “es un tipo terco, no le gusta que se lo lleven puesto, el problema que tiene ahora es que tiene que darle prioridad a su salud, no es joda”, manifestó en off un colaborador que tiene despacho en la Rosada.

Esa descripción del ex jefe de Gabinete de Néstor y Cristina Kirchner que llegó a la presidencia impulsado por la actual senadora, sugiere que si hay algo que el jefe de Estado no tiene en mente es pedir una licencia, pero obviamente se sabe que esa determinación queda en manos de Federico Saavedra, director de la Unidad Médica Presidencial. La última endoscopía que se le hizo ya en Buenos Aires indica que ya no “tiene lesiones con sangrado activo”, por lo que se le indica reposo y retomar paulatinamente sus actividades. También queda en “veremos” el viaje a México que Fernández tenía previsto realizar el próximo 24 de noviembre. Algo que Fernández pretende realizar igual porque allí estarán esperándolo Andrés Manuel López Obrador y Lula da Silva.

Mientras tanto, y a través de medios afines (según la circunstancia) el equipo de comunicación presidencial insiste en mostrar a un mandatario activo pese al cuadro que atraviesa. De esa manera difunde que Fernández retoma su agenda doméstica para definir un bono de fin de año junto a Massa. Y aquí un detalle nada menor, la voluntad del Presidente de oponerse a una suma fija que reclama CFK bajo la justificación de no desfinanciar a municipios, gobernaciones y pequeños comercios.

Los pocos leales que tiene a su alrededor -y los facultativos que lo asisten- saben que una descompensación más daría un vuelco a todo lo que esté al venir. En las entrañas del núcleo duro que rodea a la Vicepresidenta comprenden el mismo albur, pero parece que nadie quiere ceder en nada más allá de los resultados que se obtengan.

Las potentes subas del dólar en la semana que terminó son un embate que recae sobre Massa y su segundo, Gabriel Rubinstein, quien no tuvo mejor idea que acometer un sincericidio frente a empresarios que lo escucharon atemorizados. El tecnócrata que fue antikirchnerista hasta que asumió el cargo de secretario de Programación Económica habló de la posible devaluación que se avecina –que de todos modos se ejecuta por suba de precios- pero con el condimento de incorporar el peligro de un “Rodrigazo”. Es decir, una megadevaluación que lleva ese nombre debido a Celestino Rodrigo, ex ministro de Economía de Isabel Perón que llevó adelante (según su criterio para evitar distorsiones) aumentos de servicios públicos, transporte y combustibles de hasta el 180%. Algo que produjo una de las peores debacles del valor de la moneda, ergo: de los salarios, precios y desabastecimiento, entre otras desventuras.

Al corto plazo, el 6,3 por ciento del Índice de Precios al Consumidor (con un 88% interanual) que acerca al 100% en todo el año no es ningún buen indicio, menos teniendo en cuenta que ese número no refleja lo que el ciudadano percibe cuando va a comprar alimentos, que casi todos los días tienen remarcaciones.

Hubo otra acción que no salió bien en el Gobierno. La candidata a presidir el BID (Banco Interamericana de Desarrollo), Cecilia Todesca –actual secretaria de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería- fue enviada a EEUU con el fin de acceder al cargo que finalmente quedó en manos del bolsonarista, Illan Goldfajn. El banquero recibió el apoyo de Lula da Silva, EEUU y Canadá. Como México, que había prometido apoyar a Todesca respaldó a su propio candidato, a la Argentina no le quedó otra opción que bajar a su elegida y votar por el brasileño. El argumento de las huestes locales es que el país tendrá el 40% de los cargos en el organismo.

Las jornadas previas al fin de semana largo concluyeron con una significativa variedad de “fuego amigo”. Primero fue la dura embestida del ex ministro Guzmán contra Cristina y Máximo Kirchner, a quienes echó en cara como lo combatieron en medio de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. Llamó “chico caprichoso” al diputado a quien, a su entender, CFK le da un poder para el que no está capacitado. Salió a responderle el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, que calificó de «lamentables» las declaraciones.

Lo peor estaba al llegar. El domingo a las 9:20 de la mañana falleció la titular y fundadora de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. La noticia se conoció a través de la cuenta de Twitter de Cristina, que la despidió con una emotiva frase final: “Dios te llamó el día de la Soberanía Nacional… no debe ser casualidad. Simplemente gracias y hasta siempre.”

Alberto Fernández hizo lo suyo desde las redes. “Con la partida de Hebe de Bonafini perdimos una luchadora incansable. Reclamando verdad y justicia junto a las Madres y Abuelas, enfrentó a los genocidas cuando el sentido común colectivo iba en otra dirección. Con enorme cariño y sincero pesar, la despido. Hasta siempre Hebe”.

La severa respuesta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo no se hizo esperar: “Sr Presidente no se perdió nada, el legado de las Madres vive en el pueblo. Relacionar la lucha de nuestra Presidenta con otra organización es un insulto. Por suerte Hebe hizo público todo lo que pensaba de usted”. Desde el entorno presidencial se mantuvo el silencio de radio.

Todas estas circunstancias adelantan que la convivencia de acá hasta el armado de listas y el consecuente camino a los comicios va a ser cada vez más difícil. Nadie quiere ceder nada y “cada uno cuida su quintita”, replica un dirigente de base que advierte que las divisiones internas se agudizan, y es por eso que Cristina Kirchner vuelve a la escena con la intención de realinear a sus votantes que han caído en la apatía producto de luchas endógenas que procuraron marchas y contramarchas muy paradojales. Todavía están los militantes kirchneristas que se preguntan “cómo es que llegamos a depender de Massa”. Una de las tantas preguntas que la dirigencia que se autodenomina del “campo nacional y popular” no puede responder.

Juan Pablo Peralta, periodista acreditado permanente en Casa Rosada y el Parlamento nacional argentino.

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