Las ciudades están en constante evolución. Con el tiempo, infraestructuras que en una época se consideraban indispensables (fábricas, patios ferroviarios, almacenes o grandes instalaciones logísticas) pueden perder su función, dejando tras de sí vastas zonas abandonadas.
Estos espacios, a menudo ubicados en posiciones estratégicas dentro del tejido urbano, se convierten en lugares de experimentación para nuevas formas de diseñar y experimentar la ciudad. En las últimas décadas, muchas ciudades europeas han iniciado procesos de regeneración de estas zonas, transformándolas en barrios residenciales, centros culturales o parques urbanos.

La reurbanización de infraestructuras abandonadas no es solo una operación de planificación urbana, sino también una oportunidad para repensar la relación entre la ciudad, el medio ambiente y el espacio público.
Porta Vittoria en Milán
Un ejemplo significativo de este proceso es la transformación del antiguo patio ferroviario de Porta Vittoria en Milán, hoy Giardino 8 Marzo. El área fue originalmente una estación y patio de mercancías, inaugurada en 1911 como parte de la reorganización del centro ferroviario de Milán.
Durante gran parte del siglo XX, la estación desempeñó un papel importante en el sistema logístico de la ciudad: servía para clasificar mercancías y conectar con el mercado de frutas y verduras, y formaba parte del cinturón ferroviario que conectaba los distintos aeropuertos de Milán.

Con el paso de las décadas y las cambiantes necesidades del tráfico ferroviario, la instalación fue perdiendo gradualmente su función. Los servicios de pasajeros cesaron en la década de 1980 y, en 1991, la estación fue clausurada definitivamente.

La construcción del ferrocarril de Passante a principios de la década de 2000 alteró aún más el sistema de transporte urbano. La nueva estación de Porta Vittoria se construyó bajo tierra, mientras que la vasta superficie de la estación permaneció como un vacío urbano durante muchos años.
Como suele ocurrir en estos casos, el terreno quedó marcado por décadas de uso de infraestructuras y requirió recuperación antes de poder ser devuelto a la ciudad. Solo en años más recientes ha sido posible iniciar un proyecto de reurbanización, que condujo a la creación del Giardino 8 Marzo, inaugurado en 2023 como el primer paso en la transformación de la zona.
El proyecto paisajístico, desarrollado por la arquitecta paisajista Laura Gatti, no se limita a la creación de un simple parque ornamental. El jardín fue concebido como una auténtica infraestructura ecológica urbana, capaz de contribuir a la gestión sostenible del agua de lluvia y promover la biodiversidad en la ciudad. En el corazón del proyecto se encuentran los llamados jardines de lluvia, sistemas diseñados para recolectar, filtrar y absorber el agua de lluvia directamente en el suelo.
En las ciudades contemporáneas, gran parte de las superficies están impermeabilizadas con asfalto, hormigón y pavimentos continuos. Cuando llueve, el agua fluye rápidamente hacia el alcantarillado, arrastrando polvo, escombros y contaminantes. Los jardines de lluvia, por otro lado, buscan replicar el funcionamiento natural del paisaje: el agua se retiene temporalmente en pequeñas depresiones en el terreno, se ralentiza su flujo y se filtra a través del suelo gracias a la acción combinada de plantas, raíces y microorganismos presentes en él. Esto reduce la carga sobre el alcantarillado y mejora la calidad del agua.

Jardín 8 de Marzo
En el Jardín 8 de Marzo, este sistema se logra mediante una combinación de elementos técnicos y vegetales. Los senderos están pavimentados con materiales drenantes que permiten la infiltración subterránea del agua; el terreno presenta ligeras dunas y depresiones que dirigen el flujo hacia las zonas de captación; bajo la superficie se encuentran capas de drenaje y zanjas rellenas de grava y guijarros que facilitan la infiltración. Durante las fuertes lluvias, estas zonas pueden llenarse temporalmente de agua, que luego es absorbida lentamente por el suelo.
La vegetación desempeña un papel fundamental, elegida por su capacidad de adaptación a condiciones variables: periodos de inmersión temporal que se alternan con periodos de sequía. El proyecto se inspira en la vegetación típica de riberas y prados húmedos.

Entre las especies utilizadas se encuentran, por ejemplo, la Lavatera ‘Olbia Rosea’, una malva ornamental resistente adaptada a suelos pobres, y la Lythrum salicaria, una planta de humedales caracterizada por sus espigas de flores moradas que atraen a numerosos insectos polinizadores. Junto a estas crecen hierbas ornamentales como el Panicum ‘Northwind’, que con sus tallos verticales contribuye a la estructura del paisaje vegetal, y arbustos resistentes como la Rosa pimpinellifolia, una especie silvestre europea capaz de adaptarse a condiciones difíciles.









