Nuestra sociedad está llena de estigmas, no somos nada tolerantes con quienes nos rodean, sean amigos o familiares, sean completos desconocidos o gente famosa. Un gran estigma lo llevan los enfermos mentales crónicos, sean de carácter leve o grave, aunque igual de pesada es la carga que deben soportar sus parientes más cercanos.
Primero el desconocimiento de la enfermedad en sí, de la sintomatología, del grado de integración en la vida normal como dicen los “normales”. Pero ¿Quién es realmente normal? Todo el mundo tiene un problema, un dilema, un color de pelo que le preocupa, una mancha en la piel, una tonalidad que le hace distinto a los demás, un carácter agrio que puede producirle aislamiento.
En fin, los hombres somos la más compleja diversidad existente. Tan complejos que no somos capaces de conocernos a nosotros mismos, de explicar nuestros comportamientos, de averiguar al 100% como funciona nuestro cuerpo y mucho menos nuestra mente. Nuestras neuronas encerradas en el cerebro, dos hemisferios completamente distintos, con una serie de funciones asignadas, unas terminaciones nerviosas que funcionan adecuadamente en orden a que, a una serie de estímulos que se producen y son reconocidos por nuestra mente.
Que ocurre a veces, desordenes, ¿Por qué?, Años, enfermedades, desgaste, artificiales. accidentes, sustancias Da igual la causa, lo importante es el hecho en sí: dejamos de lado a nuestros enfermos, lo hacemos siempre cuando son crónicos aunque nos cueste reconocerlo, pero si encima son enfermos mentales, añadimos otro sentimiento irracional “El miedo”.
Leemos en el periódico “Un esquizofrénico ha matado a sus padres”… Claro, es que tenía que estar encerrado, mira lo que ha ocurrido. Sin embargo leemos “asesinada por su exmarido”, nos sorprende, nos incomoda, no lo entendemos, pero no presuponemos, no condenamos, la justicia lo hará. No nos paramos a pensar, ¿Quién era esa persona? ¿Qué le ocurría realmente? ¿Estaba diagnosticado? ¿Tenía un tratamiento adecuado? ¿Su vida era razonablemente cómoda? Son estos y muchos más los interrogantes que nos podemos encontrar cuando hablamos de enfermedades mentales, difíciles a veces de diagnosticar, duras con la vida del enfermo y de su familia cercana y un tratamiento muy caro de sostener que a veces no es factible, una tutela y cuidado adecuado por la asistencia social que cada vez existe menos.
La creencia popular y totalmente errónea es que la esquizofrenia es un problema de desdoblamiento de personalidad, simplemente es que perciben la realidad de forma muy diferente a como nosotros lo hacemos. Lo normal es que sufran síntomas aterradores como oír voces o creer que los demás pueden leer su mente, controlar sus pensamientos e incluso conspirar para hacerles daño. Son muchos y variados los tratamientos que pueden administrarse a estas personas, dependiendo del grado de la enfermedad y de la propia persona, pueden ser más o menos efectivos, puede optar el especialista por antipsicóticos de nueva generación que parece ser son un poco más efectivos porque no solo tratan los síntomas de la enfermedad en sí, sino que también parece que tienen menos efectos secundarios. La otra opción son los antipsicóticos convencionales como el haloperidol, clorpromazina, zuclopentixol, flufenazina y perfenazina.
Fue en los años cincuenta cuando se comercializaron estos medicamentos y si bien tratan los aspectos negativos de la enfermedad como Alucinaciones y voces, producen efectos secundarios como temblores, rigidez, inquietud e incluso Epilepsia.
El paciente que la mayoría de las veces no se da cuenta o no quiere reconocer su enfermedad, debe tomar el tratamiento cada día, sin olvidarse ninguna toma, normalmente ocurre que no es totalmente autónomo con lo cual debe ser la familia la que se encargue de recordárselo, para evitar que se interrumpa y se produzca una recaída. Pero no solo es importante la medicación, es fundamental el entorno en que debe integrarse, su familia, sus amigos, y los pocos que consiguen o mantienen un trabajo, sus compañeros. Deben sentirse cómodos, necesitan una rutina, aunque también hay que animarles a que se unan a cualquier salida, celebración que se realice en su entorno cercano. La vida del enfermo, pero también de los que viven con él, de sus familiares cercanos se trastoca totalmente, nos convertimos en cuidadores que conviven con la enfermedad 24 horas al día, durante los 365 días del año.
@María José Luque Fernández
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