No es amor, no hay sentimientos por medio. Es pasión lo que desencadena. Engaños de nuestra mente, percibimos sólo aquello que deseamos percibir y lógicamente nos equivocamos, soñamos locuras y actuamos erróneamente, a veces no sólo nos engañamos a nosotros mismos, sino que hacemos daño o molestamos a nuestros fantasmas.
Continuamente, percibimos cosas que no existen realmente, parecen estar al alcance de nuestras manos, a veces creemos tocarlos con las puntas de los dedos, pero no están ahí. Queremos ver sentimientos en el rostro de otro persona, reflejados en su mirada, un amor que desnuda nuestro cuerpo con pasión, sintiendo el alma morir y sin embargo no hay nada.
A veces escuchamos historias sin sentido, ¿Para quién? Para nuestra mente fielmente amaestrada a pensar, a seguir un rumbo en la vida ya previamente marcado por nuestros abuelos, nuestros padres, después por nosotros mismos. Nos educan en la escuela para ser hombres de provecho el día de mañana, para que pensemos en un trabajo digno, sin locuras, para que no divaguemos en el sofá.
Hacemos lo que nuestros amigos quieren que hagamos, nos divertimos cómo a ellos les gusta. En el trabajo, grapamos las facturas en la esquina superior, cómo al jefe le gusta. Pensamos que somos racionales, que somos mejores y superiores a los animales.
¡Qué ilusos! estamos igual de amaestrados o más que ellos. Estudiamos, cometemos locuras de adolescentes, trabajamos, nos casamos, nos endeudamos hasta las costillas, tenemos hijos y vuelta a empezar. Y sin embargo… ¡Que distintos podemos ser los humanos!, tenemos en común que pensamos y sentimos, por ello se supone que somos animales racionales, pero… ¿de cuantas maneras reaccionamos ante el mismo estimulo? ¿Cómo afrontamos los obstáculos que se nos presentan a lo largo de nuestra vida?, ¿Cómo nos sentimos cuando amamos a alguien?, Y ¿Cuándo no somos correspondidos? Sí, todos tenemos un cerebro y nuestras neuronas trabajan sin parar dando órdenes a nuestro cuerpo.
Pero, ¿Por qué es tan distinta la reacción de cada persona? No hay un patrón, es toda una diversidad, cada individuo tiene su propia identidad y sus propias reacciones, sus sensaciones, sus emociones. De hecho, el mismo individuo en distintos momentos de su vida puede reaccionar de mil maneras diferentes. Cómo podemos ser al mismo tiempo tan simples y tan complejos.
@María José Luque Fernández
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