Por Diego Asensio
1) No los conocí como soldados. Se presentaban como mochileros.
Pero hablaban como quien ha ocupado casas, controlado personas, recorrido territorios con otro objetivo que no es mirar el paisaje.
2) Decían venir a “descansar”. Yo los vi medir, comparar, reconocer.
Eso no se desaprende con una mochila.
3) La Patagonia y la Araucanía no son postales.
Son territorios disputados, militarizados, históricamente intervenidos.Quien crea que nadie se interesa por ellos, no entiende de geopolítica.
4) Eran muchos. Demasiados para ser coincidencia.
Mismo rango de edad, mismos relatos, mismas bromas sobre operaciones armadas, mismos silencios.
5) No hablaban como viajeros.
Hablaban como quienes aprendieron a clasificar personas y normalizar la violencia. El lenguaje no miente. Solo se maquilla.
6) Lo más inquietante no fue su presencia. Fue el silencio institucional.
Todo entraba bajo la palabra “turismo”.Cuando el poder no pregunta, no es ingenuidad: es decisión.
7) No escribo desde la neutralidad. Mi lectura política es clara y asumida.
No nació en redes sociales: se consolidó escuchando cómo se habla cuando la vida ajena deja de importar.
8) Me piden pruebas oficiales.
Yo ofrezco experiencia sostenida en el tiempo. No todo lo real deja archivo. Especialmente cuando conviene que no lo deje.
9) No escribo para convencer a quien ya decidió no escuchar.
Escribo para dejar constancia. Para que no puedan decir que nadie vio nada.
10) Yo vi. Yo escuché. Y no me callo.



